Critical Essay · Salon ACME no.13 · 2026

Cosechas de la memoria

Harvests of Memory

Fernanda Ramos Mena — Curator and writer

Español

En Corea del Sur existe el recuerdo de la postguerra sobre cómo la ingesta de arroz era un lujo que solo algunos se podían permitir. Ante esta situación, las familias tomaron medidas de austeridad y cuidado en colectivo. Recurrieron al maíz mezclado con otros granos con el que preparaban okusu-juk (papilla de maíz) para alimentarse.

Para la artista surcoreana Jay Lee, la historia de este grano es un marcaje entre sus padres y ella. Mientras ellos pasaron de la escasez a la estabilidad, y la generación de su hija está acostumbrada a una mesa con alimentos globalizados, la diáspora coreana mantiene el arroz como un anclaje de “completud” con su territorio.

El apego al arroz como grano viajero es el punto de partida de su obra en torno a la alimentación. Su práctica establece un puente entre geografía y ritual. Uno de estos es preparar tteokguk(sopa de pastel de arroz) en el Año Nuevo. En la tradición coreana, comer esta sopa implica “hacerse un año más viejo”.

A través de instalaciones de sitio específico con biomateriales, la artista conjuga la memoria visual de su entorno con su historia personal. En sus obras, superpone capas de significado para construir una identidad de orígenes y devenires que se bifurcan.

Sumergida en el paisaje agrícola y las tecnologías alimentarias de su país natal, Jay Lee invoca recuerdos que la conectan con su genealogía. Desde el deseo de su hija por comer arroz cuando está fuera de Corea, hasta su abuela, agricultora dedicada a la siembra de maíz y arroz.

En la pieza de gran formato “Diálogos sobre el maíz y el arroz”, Jay Lee recrea un escenario agrícola donde la tela asemeja el espacio de acopio y limpieza. Aquí, el esfuerzo de desgranar y descascarillar, tareas de la vida rural en México y en Corea, es un lenguaje común. Las hojas de elote y los granos de arroz y maíz muestran un gesto residual que va de la cosecha a la cocina a la composta.

En este proceso, el maíz hace presente la imagen de la abuela trabajando la tierra. Lee reconoce su labor no desde una feminidad hegemónica, sino desde el vigor de las mujeres que cultivan, cocinan y comparten el sustento como acto de cuidado intergeneracional. Bajo este linaje, los granos son detonadores de la memoria cultural del colonialismo, la diáspora y la migración. Cocinar se convierte en un refugio al que se regresa sin importar el punto geográfico.

La instalación se complementa con la serie “Memories of Corn”, en la que el vidrio captura la huella de un alimento ausente, conservando solo su impronta. Aquí, las semillas se mezclan, señalando la convivencia de dos especies en la cocina coreana y mexicana, que entre procesos sociopolíticos complejos lograron adaptarse a nuevas culturas. Asimismo, el carácter residual de las obras advierte sobre la fragilidad del paisaje: cómo las historias, recetas y saberes de la siembra pueden caer en el olvido frente a los cambios atmosféricos, la violencia y el desinterés cultural.

Jay Lee traza una hoja de ruta que conecta la historia macrocultural de estos granos con su propia biografía. El arroz, arraigado en Corea hace milenios como pilar de la vida cotidiana, y el maíz, como evocación viva de las mujeres que la antecedieron, articulan la transición del trabajo de la tierra al espacio íntimo de la casa: de la milpa y el arrozal a la mesa compartida.

En este cruce, la artista encuentra un eco profundo en el contexto mexicano. Ambos alimentos, más allá de su origen, evidencian procesos de adaptación e integración. El maíz y el arroz, como granos esenciales, comparten un mismo lenguaje de supervivencia y hospitalidad. Activan una memoria colectiva que, al igual que las semillas, se mantiene en constante movimiento.

Fernanda Ramos Mena
Curadora y escritora


English

In South Korea, there is a post-war memory of how eating rice was a luxury that only some could afford. Faced with this situation, families took collective austerity and care measures. They resorted to corn mixed with other grains to make okusu-juk (corn porridge) to feed themselves.

For South Korean artist Jay Lee, the history of this grain is a link between her and her parents. While they went from scarcity to stability, and her daughter’s generation is accustomed to a table with globalized foods, the Korean diaspora maintains rice as an anchor of “fullness” with their homeland.

The attachment to rice as a traveling grain is the starting point for her work on food. Her practice builds a bridge between geography and ritual. One of these is preparing tteokguk(rice cake soup) on New Year’s Day. In Korean tradition, eating this soup means “getting a year older.”

Through site-specific installations with biomaterials, the artist combines the visual memory of her environment with her personal history. In her works, she superimposes layers of meaning to construct an identity of diverging origins and futures.

Immersed in the agricultural landscape and food technologies of her native country, Jay Lee invokes memories that connect her to her genealogy. From her daughter’s desire to eat rice when she is outside Korea, to her grandmother, a farmer dedicated to planting corn and rice.

In the large-format piece “Dialogues of Corn and Rice,” Jay Lee recreates an agricultural setting where the fabric resembles a storage and cleaning space. Here, the effort of shelling and husking, tasks of rural life in Mexico and Korea, is a common language. The corn husks and rice and corn kernels show a residual gesture that goes from harvest to kitchen to compost.

In this process, corn brings to mind the image of the grandmother working the land. Lee recognizes her work not from a hegemonic femininity, but from the vigor of women who cultivate, cook, and share sustenance as an act of intergenerational care. Under this lineage, grains are triggers of the cultural memory of colonialism, diaspora, and migration. Cooking becomes a refuge to which one returns regardless of geographical location.

The installation is complemented by the series “Memories of Corn,” in which glass captures the trace of an absent food, preserving only its imprint. Here, the seeds are mixed, pointing to the coexistence of two species in Korean and Mexican cuisine, which, amid complex sociopolitical processes, managed to adapt to new cultures. Likewise, the residual nature of the works warns of the fragility of the landscape: how the stories, recipes, and knowledge of planting can fall into oblivion in the face of atmospheric changes, violence, and cultural disinterest.

Jay Lee traces a roadmap that connects the macro-cultural history of these grains with her own biography. Rice, rooted in Korea for millennia as a pillar of daily life, and corn, as a living evocation of the women who preceded her, articulate the transition from working the land to the intimate space of the home: from the cornfield and rice paddy to the shared table.

At this crossroads, the artist finds a profound echo in the Mexican context. Both foods, beyond their origin, reveal processes of adaptation and integration. Corn and rice, as essential grains, share the same language of survival and hospitality. They activate a collective memory that, like seeds, is in constant motion.

Fernanda Ramos Mena
Curator and writer